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Reflujo gastroesofágico: síntomas y tratamiento

Ardor que sube desde el estómago hacia la garganta, regurgitación ácida y molestias que empeoran al tumbarse: es el patrón del reflujo gastroesofágico. Esta página explica qué lo provoca, qué cambia de verdad con los hábitos, cuándo el tratamiento pasa a necesitar receta y qué signos obligan a consultar sin esperar.

Cómo se reconoce el reflujo

Los dos síntomas que definen el cuadro son la pirosis, ese ardor que asciende por detrás del esternón, y la regurgitación, la sensación de que el contenido ácido del estómago vuelve hacia la boca. Ambos empeoran después de comidas copiosas, al agacharse y al tumbarse, y suelen aliviarse al incorporarse.

Hay presentaciones menos evidentes que despistan durante meses: tos seca persistente, sobre todo nocturna, carraspera matinal, ronquera, sensación de nudo en la garganta y dolor torácico que puede confundirse con un problema cardiaco.

Esa última confusión merece una advertencia clara. No atribuya al reflujo un dolor opresivo en el pecho que surge con el esfuerzo, que se extiende hacia el brazo, el cuello o la mandíbula, o que viene con sudoración, náuseas o falta de aire. Si se da esa combinación, llame al 112: lo primero es descartar un problema cardiaco.

Por qué se produce y quién tiene más riesgo

Entre el esófago y el estómago hay un esfínter que actúa como válvula. Cuando se relaja de forma inadecuada o pierde tono, el contenido gástrico asciende y la mucosa del esófago, que no está preparada para el ácido, se inflama.

Favorecen ese mecanismo el exceso de peso, sobre todo el abdominal, el embarazo, la hernia de hiato, el tabaco, el alcohol, las comidas muy abundantes o muy tardías y acostarse poco después de cenar. También varios medicamentos de uso frecuente pueden empeorar el reflujo, entre ellos algunos antiinflamatorios, ciertos fármacos para la tensión y algunos usados en broncoespasmo.

Ese último punto se pasa por alto a menudo. Antes de sumar otro fármaco para el ardor, merece la pena que un médico o el farmacéutico repase la medicación que ya se toma, porque a veces el origen está ahí. Los antiinflamatorios tomados por cuenta propia durante temporadas largas son un ejemplo típico: alivian una cosa y agravan otra.

Qué cambia con los hábitos

Las medidas no farmacológicas tienen efecto real y son la base del tratamiento, no un complemento decorativo. Las que más respaldo tienen son perder peso cuando hay exceso, cenar al menos dos o tres horas antes de acostarse y elevar la cabecera de la cama unos centímetros, elevando las patas y no añadiendo almohadas, que solo doblan el cuello.

Dejar el tabaco y reducir el alcohol mejora los síntomas de forma consistente. En cuanto a la comida, no hay una lista universal de prohibiciones: lo útil es que cada persona identifique sus propios desencadenantes, que suelen estar entre el chocolate, el café, los cítricos, el tomate, el picante, las frituras y las bebidas con gas.

Comer despacio y en cantidades más pequeñas, evitar la ropa muy ajustada en la cintura y no tumbarse inmediatamente después de comer completan el conjunto. En muchas personas con síntomas leves, este bloque de medidas mantenido varias semanas reduce las molestias sin necesidad de tratamiento continuado.

Qué se puede hacer sin receta y cuándo hace falta receta

Si las molestias son ocasionales, la farmacia dispensa antiácidos y alginatos de acción rápida; pregunte a su farmacéutico cuál le conviene según su situación y el resto de lo que toma. Alivian el episodio puntual, pero no están pensados para tomarse a diario durante meses.

Cuando los síntomas son frecuentes o no ceden, el médico valora un inhibidor de la bomba de protones. Estos fármacos necesitan receta en las presentaciones y pautas pensadas para un uso prolongado, y su uso se revisa cada cierto tiempo: como norma general se busca la menor dosis que funcione, durante el tiempo que haga falta y reevaluando, en lugar de alargar el tratamiento de forma indefinida sin control. Tomarlos durante años sin revisión no es una decisión inocua.

El médico valora también si conviene estudiar la infección por Helicobacter pylori, si hay que hacer una endoscopia y si algún fármaco de la lista actual está contribuyendo al problema. Esas decisiones no se toman por cuenta propia ni se resuelven repitiendo indefinidamente el mismo envase.

Cuándo acudir de inmediato a un médico

Un dolor torácico opresivo que se desencadena al hacer esfuerzo o se irradia hacia el brazo, el cuello o la mandíbula, sobre todo si va acompañado de sudor frío, palidez, náuseas o falta de aire, es motivo para llamar al 112. Esa combinación obliga a descartar un infarto antes que cualquier otra cosa.

Acuda a urgencias el mismo día si vomita sangre o material con aspecto de posos de café, si las heces son negras y pegajosas, si tiene dificultad o dolor para tragar, si un alimento se le queda atascado, o si presenta debilidad marcada con palidez, que puede indicar anemia por sangrado.

Requieren valoración médica sin demora, aunque no sean una urgencia inmediata, la pérdida de peso involuntaria, el vómito persistente, la aparición de estos síntomas por primera vez después de los 50 años, el antecedente familiar de cáncer digestivo y el cuadro que no mejora pese a un tratamiento correcto. En esos casos el objetivo deja de ser aliviar el ardor y pasa a ser averiguar qué hay detrás.

Cómo es nuestra valoración médica a distancia

Aquí no hay videollamada ni llamada: la comunicación con el médico es por escrito. Todo empieza con un cuestionario médico detallado en el que usted explica sus síntomas, su historial y la medicación que toma; el médico lo lee más tarde, de forma asíncrona.

En el reflujo, ese modelo no sustituye al estudio de un caso nuevo con signos de alarma, ni a una endoscopia cuando está indicada. Un primer episodio en una persona mayor de 50 años, la dificultad para tragar o la pérdida de peso son motivos para acudir a un médico que pueda explorar y derivar.

Cuando no se da ninguna de esas situaciones, el formato a distancia sirve para dos cosas: continuar un tratamiento que ya pautó un médico, si usted necesita una receta nueva para no cortar la pauta, y empezar uno nuevo en un reflujo sin signos de alarma, siempre que el cuestionario le baste al médico para decidir.

Si el resultado es favorable, la receta médica le llega en PDF por correo electrónico. No necesita recordar ningún código PIN: en la farmacia la enseña junto a su documento de identidad, y dispensar o no el medicamento es algo que decide el farmacéutico en cada caso.

La tarifa cubre la consulta médica, no la emisión de un documento. Si el médico deniega la solicitud por motivos médicos o legales, le devolvemos la tarifa. Si el médico le solicita documentación, dispone de al menos 7 días para enviarla y le enviamos un recordatorio; a petición suya ampliamos el plazo. Si aun así no es posible completar la consulta, cerramos la solicitud y le devolvemos el importe íntegro.

¿El reflujo se cura o se controla?

En muchas personas es un problema crónico que se controla bien con hábitos y, si hace falta, con tratamiento. En otras, sobre todo cuando hay exceso de peso y este se reduce, los síntomas pueden desaparecer de forma mantenida.

¿Es malo tomar protectores gástricos durante años?

En general se aconseja usar la dosis eficaz más pequeña durante el tiempo que sea necesario y revisar el tratamiento periódicamente con un médico. Mantener el tratamiento durante años sin revisión no es una decisión que deba tomarse por cuenta propia.

¿El reflujo puede causar tos y ronquera?

Sí. La tos seca nocturna, la ronquera matinal y la sensación de nudo en la garganta pueden deberse a reflujo, y son motivo frecuente de consulta al otorrinolaringólogo antes de que se identifique la causa digestiva.

¿Cuándo está indicada una endoscopia?

Esa decisión la toma un médico. Se plantea sobre todo ante signos de alarma, como dificultad para tragar, sangrado, anemia o pérdida de peso, y cuando los síntomas no responden al tratamiento.

¿Ayuda dormir con más almohadas?

Añadir almohadas suele doblar el cuello sin elevar el torso, así que aporta poco. Lo que sí tiene efecto es elevar la cabecera de la cama unos centímetros, colocando algo bajo las patas del somier.

Revisado por el médico Damian Wojno, colegiado en Polonia (n.º 3211301).